Una oportunidad industrial que exige ingeniería, rigor y visión a largo plazo
El hidrógeno renovable ha dejado de ser una promesa tecnológica para situarse en el centro de una conversación industrial cada vez más concreta. En la Comunitat Valenciana, esta conversación no debe abordarse desde la expectativa abstracta, sino desde una realidad muy próxima a nuestro tejido productivo: somos un territorio con una elevada intensidad energética, con sectores industriales de descarbonizar y con una posición logística estratégica en el arco mediterráneo. En este marco, se han puesto en marcha iniciativas como la Alianza Valenciana del Hidrógeno Renovable dela Comunidad Valenciana, impulsada por la Generalitat Valenciana y miembro de la Alianza de Valles de H2 nacional, para coordinar a los agentes de la cadena de valor y acelerar la implantación del hidrógeno renovable en la región, resultan especialmente relevantes; una labor en la que ITE contribuye desde su papel de Secretaría Técnica, dinamizando la colaboración entre empresas, administración y ecosistema científico- tecnológico.
Desde la perspectiva de la ingeniería, el debate ya no se limita a si el hidrógeno será necesario, sino a cómo hacerlo posible de manera segura, eficiente, competitiva y plenamente integrada en los procesos industriales y en las infraestructuras energéticas existentes. Un vector necesario, pero no una solución universal. La electrificación directa basada en fuentes renovables seguirá siendo el eje principal de la transición energética. Allí donde sea técnica y económicamente viable, electrificar será la opción más eficiente. Sin embargo, existen ámbitos en los que la electricidad no puede sustituir de forma sencilla a los combustibles fósiles: procesos térmicos de alta temperatura, determinados usos químicos, movilidad pesada, transporte marítimo o aplicaciones industriales donde el hidrógeno ya actúa como materia prima.
Es precisamente en esos usos, habitualmente denominados hard-to-abate, donde el hidrógeno renovable puede aportar mayor valor. No hablamos de una fuente de energía primaria, sino de un vector capaz de almacenar, transportar y utilizar energía renovable en condiciones en las que otras soluciones presentan limitaciones técnicas, operativas o económicas. Su impulso actual responde, además, a una convergencia de factores: la madurez creciente de las tecnologías de electrólisis, el descenso de los costes de generación renovable, la necesidad de reforzar la autonomía energética europea y la presión regulatoria y económica asociada a la reducción de emisiones.
La Comunitat Valenciana: demanda industrial, conocimiento tecnológico e infraestructuras. La Comunitat Valenciana cuenta con una posición singular en el mapa nacional del hidrógeno. Nuestro territorio concentra una parte muy relevante del consumo industrial de gas, impulsado por sectores como la cerámica, la química, la logística, la movilidad pesada y otros procesos térmicos intensivos. A ello se suma una ubicación estratégica en el corredor mediterráneo, una red portuaria de primer nivel y una base industrial que necesita avanzar en soluciones reales de descarbonización sin perder competitividad.
Esta combinación es especialmente relevante porque uno de los principales retos del hidrógeno renovable en Europa es garantizar una demanda suficiente y estable. Muchos proyectos se enfrentan a la dificultad de cerrar acuerdos de compra a largo plazo. En la Comunitat Valenciana, sin embargo, existe un tejido industrial con necesidades energéticas concretas que puede actuar como demandante natural, siempre que se avance en condiciones de coste, seguridad, disponibilidad e integración tecnológica. Del proyecto a la implantación: el valor de la ingeniería. El despliegue del hidrógeno renovable en la región ya cuenta con proyectos de referencia. Entre ellos destacan los promovidos por Bp e Iberdrola, cuyo primer hito es una planta de hidrógeno renovable de 25 MW en la refinería de Castellón. Así como las iniciativas coordinadas desde ASECAM o VAHIA entre otras. En este contexto, ITE participa como socio tecnológico, aportando capacidades de investigación aplicada, validación tecnológica y transferencia de conocimiento al tejido industrial.
A este ecosistema se suma el futuro despliegue de la Red Troncal Española de Hidrógeno. En la Comunitat Valenciana, el denominado Eje Levante prevé alrededor de 393 kilómetros de trazado y
atravesará municipios de Castellón, Valencia y Alicante, conectando nuestro territorio con otros
polos industriales y con el corredor europeo H2Med. Esta infraestructura será determinante para
pasar de proyectos aislados a un verdadero mercado del hidrógeno, con capacidad de conectar
producción, almacenamiento, transporte y consumo industrial.
Expectativas realistas para una década decisiva. En los próximos años, será imprescindible
mantener una mirada rigurosa. El hidrógeno renovable no sustituirá a la electrificación ni resolverá
por sí solo todos los retos de la transición energética. Su papel será más selectivo, pero también más
estratégico: contribuirá allí donde aporte una ventaja técnica clara y donde pueda integrarse
encadenas de valor industriales con demanda real.
Por ello, el éxito no debería medirse únicamente por la capacidad instalada de electrólisis, sino por
indicadores más próximos a la realidad industrial: volumen de hidrógeno renovable efectivamente
consumido, reducción de emisiones en procesos difíciles de electrificar, integración con renovables,
eficiencia del sistema, seguridad de operación, disponibilidad de infraestructuras y capacidad de
generar nuevas oportunidades para empresas, centros tecnológicos, ingenierías y proveedores
especializados.
La Comunitat Valenciana tiene ante sí una oportunidad relevante: no solo producir hidrógeno
renovable, sino desarrollar conocimiento, ingeniería, capacidades industriales y modelos de
colaboración que permitan convertir este vector energético en una palanca real de competitividad.
Para lograrlo, será necesario combinar ambición con rigor técnico, colaboración público-privada,
inversión en infraestructuras y una conexión permanente con las necesidades de la industria.
En el marco de la colaboración público-privada, desde la Administración, el conjunto del ecosistema
científico eindustrial valenciano, y centros tecnológicos como el ITE, debemos contribuir a que el
hidrógeno renovable avance con criterios de viabilidad, seguridad y utilidad industrial. Porque la
transición energética no se construye solo con objetivos, sino con proyectos bien diseñados,
tecnología validada, talento especializado y una ingeniería capaz de convertir la oportunidad en
realidad.