Top

imagen_not_304

Entrevista a Marta Garcia Pellicer, Directora General del Instituto Tecnológico de la Energía (ITE)

España ha demostrado su liderazgo en la transición de las infraestructuras eléctricas hacia el concepto, hecho realidad, de las redes inteligentes, por lo que puede seguir siendo líder de la transformación energética a través de la innovación y el desarrollo tecnológico. 

¿Esta España preparada para para cumplir con los retos del Horizonte 2030?

Según el Plan de Acción para la Implementación de la Agenda 2030, España no ha conseguido todavía desacoplar en términos absolutos el crecimiento de su economía, de las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que las energías fósiles constituyen el núcleo del sistema energético (74% de la energía primaria).

Es por ello que dentro de las actuaciones del Plan Nacional de Energía y Clima se incluyen medidas para la descarbonización, la eficiencia energética y la seguridad energética, junto con la implementación del SET-Plan (Plan estratégico de tecnologías energéticas) que coordina las actuaciones de innovación e investigación en tecnologías bajas en carbono, entre los países participantes.

El SET-Plan tiene como áreas prioritarias la energía fotovoltaica, la eficiencia energética en la industria, la bioenergía y las baterías, entre otros; y es precisamente en estos ámbitos dónde los centros de investigación tecnológica españoles tienen mucho que aportar.

La colaboración a nivel local, nacional e internacional, así como la colaboración con los sectores público, privado y la sociedad civil es clave para que España cumpla los retos el Horizonte 2030 en los plazos establecidos, y esto lo muestran las acciones que se están llevando a cabo, por ejemplo, en las distintas comunidades autónomas (información, sensibilización, debates participativos…). Los mecanismos están sobre la mesa, solo falta ese pequeño impulso que lo ponga todo en marcha.

Hay que pensar si la especialización ha de ser potenciada en el desarrollo y uso de tecnología con una mentalidad vertebradora en el territorio dando paso a los especialistas estén donde estén.

¿Considera estratégica la necesidad de reducir el consumo energético entre las empresas sector industrial? ¿Se han marcado una Plan con objetivos y tiempos para mejorar la Eficiencia Energética?

El tejido empresarial a nivel nacional está conformado, mayoritariamente, por empresas de tamaño pequeño y mediano (PYMES), abundando las empresas muy pequeñas (<10 trabajadores) de carácter familiar y medianas de hasta 50 trabajadores. En este modelo de empresas se suelen utilizar metodologías de trabajo tradicionales basadas en tecnologías analógicas, donde, por lo general, no se dispone de procesos muy intensivos en cuanto al uso de recursos energéticos. El consumo de una empresa pequeña suele estar muy por debajo de los 100.000 kWh, pudiendo alcanzar los 500.000 kWh en las empresas medianas y en lo que respecta a empresas de tamaño grande, con fabricación intensiva, el consumo puede superar fácilmente este volumen de energía.

A pesar de que el margen de mejora suele ser menor en la pequeña industria, de forma general, todo empresario persigue optimizar su gestión energética con el objetivo primordial de reducir costes de facturación que, por lo general, consideran elevados. Hacer un uso responsable, revisar contratos eléctricos y reemplazar tecnologías menos eficientes, son los primeros pasos a seguir en esta línea. Por su parte, las empresas con procesos productivos de mayor envergadura y complejidad se orientan a optimizar sus indicadores de rendimiento energético-productivo, apostando por soluciones tecnológicas avanzadas y digitales como sistemas de monitorización y gestión de la energía, revisión inteligente del consumo energético según la planificación de la producción, gestión de la demanda e integración de estos sistemas con el resto de la infraestructura de datos en planta. Además, tras los últimos cambios normativos, el autoconsumo renovable se posiciona como una alternativa muy atractiva a tener en cuenta por las industrias de forma individual o colectiva, así como nuevas estrategias orientadas al concepto de economía colaborativa y circular, tales como la simbiosis energética o la gestión conjunta de servicios.

Por lo general, la mayor parte de las empresas tienen potencial para mejorar su eficiencia, disponen de herramientas para conseguirlo y se considera que están preparadas para ello. Aunque existen a día de hoy ciertas barreras que sería necesario romper para agilizar la transición hacia modelos productivos más sostenibles e innovadores.

¿Estamos hoy en un momento clave para la transición energética? ¿Qué papel juegan las compañías energéticas tradicionales en esa transición energética?

Estamos en el momento clave del desarrollo de tecnologías que hagan posible la transición energética y por ende la descarbonización de la economía y la sociedad. Para lograrlo es necesario que las redes eléctricas actuales sean capaces de albergar las nuevas tecnologías modernizándolas y digitalizándolas, dotándolas de flexibilidad para fomentar el autoconsumo, la implantación del coche eléctrico, el almacenamiento energético y que se haga realidad el empoderamiento del consumidor. Por todo ello, el papel que tienen las compañías energéticas tradicionales es fundamental para la consecución de los objetivos de la transición energética porque además son las que pueden incorporar más rápidamente todas las tecnologías necesarias para el cambio.

¿A qué retos se enfrenta el sector tecnológico? ¿Y el sector industrial?

La sostenibilidad económica pasa por la mejora efectiva de la competitividad, la productividad y la flexibilidad mediante la digitalización de procesos y nuevas tecnologías asociadas a la red eléctrica inteligente, industria 4.0 (gemelos digitales, machine learning, fabricación aditiva, …) lo que a su vez plantea el reto de la ciberseguridad en las infraestructuras energéticas.

El sector industrial tiene como retos principales la sostenibilidad a dos niveles: medioambiental y económico. La primera pasa por la descarbonización energética, para la que es necesario el desarrollo de sistemas de almacenamiento energético, económicos, eficientes y flexibles que permitan integrar en mayor medida energías renovables en las redes energéticas. En las industrias, se plantea también el reto de la electrificación de procesos tradicionalmente basados en el uso de combustibles fósiles, como la generación de calor y el transporte.

¿Cómo le gustaría ver a España, energéticamente hablando, en el año 2030?

España ha marcado unos objetivos energéticos ambiciosos para el 2030, siendo el español el primer Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de los 28 países, aprobado por la Unión Europea. Cumplir estos objetivos transformará nuestra economía y nos acercará a la descarbonización energética (se prevé una economía prácticamente descarbonizada en 2050).

En este contexto energético, me gustaría ver a España liderando los avances como: la mejora energética de los edificios, con la reducción de la emisión de CO2 hasta el 21% y consumo energético (consiguiendo una mejora de la eficiencia energética del 32.5%); el aumento en la generación de energías renovables, con mayor generación hasta el 42% del total de energía final aprovechando la electrificación de la movilidad y transporte; dirigiendo los avances de la digitalización energética, con la activación del ecosistema digital en baja tensión o la recarga inteligente del parque de vehículos eléctricos; así como nueva legislación, que aporte flexibilidad al Mercado Interior de Electricidad con la participación de usuarios finales y de comunidades ciudadanas de energía.

España ha demostrado su liderazgo en la transición de las infraestructuras eléctricas hacia el concepto, hecho realidad, de las redes inteligentes, por lo que puede seguir siendo líder de la transformación energética a través de la innovación y el desarrollo tecnológico.

Fuente: enertic