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El futuro pasa por almacenar la energía

De la evolución de las baterías no solo depende el avance de la industria del automóvil, sino de todo el sector eléctrico

En la novela Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, el capitán Nemo explicaba al sabio francés Pie-rre Aronnax el ingrediente secreto de las baterías que movían su submarino Nautilus: el sodio. “El mar me lo proporciona. Le diré que las pilas de sodio deberían considerarse las más energéticas”. Lo que era ciencia ficción hace más de un siglo hoy se acerca a la realidad: el sodio se posiciona cada vez más como un sustituto del litio (en su mismo grupo de la tabla periódica) en la batalla entablada por la mejor y más efectiva tecnología de baterías.

Y justo a tiempo. “Actualmente, la tecnología de ion litio, la más utilizada en la actualidad, está llegando a un límite”, explicó Leire Zubizarreta, responsable de la línea de tecnología de baterías en el Instituto Tecnológico de la Energía. “Yo creo que llegarán a su máximo en torno a 2030 y, a partir de ahí, las baterías sólidas de litio y las combinaciones de litio y aire tomarán su lugar”. Fuentes de la industria estiman que, con la aceleración del mercado, la comercialización de estas tecnologías puede llegar antes aún, porque es la rama productiva que más rápido tiene que crecer. “Las baterías son el cuello de botella”, explica Luis Antonio Ruiz, presidente y consejero delegado de Jaguar Land Rover España.

Y en un mercado donde todo el mundo quiere saber qué va a pasar, la respuesta de los especialistas es pedir prudencia. “Esto no es como la microelectrónica, donde hay un aumento de la capacidad cada uno o dos años”, apunta María Rosa Palacín, vicedirectora del Instituto de Ciencias de Materiales del CSIC. “Esto es como la industria farmacéutica; tenemos unas moléculas prometedoras, que en laboratorio funcionan bien, pero que de ahí a la práctica hay al final 10 años mínimo. Es difícil de predecir el incremento de la autonomía, pero está claro que va a ser algo gradual”.

Porque hablamos de productos que han de desarrollarse a la vez que la industria. “La tecnología de baterías ha sido impulsada por el mercado de dispositivos móviles, cuya vida útil es muy baja: cambiamos de teléfono cada dos o tres años”, considera Palacín. “No es lo mismo que para un automóvil, que tiene que durar mucho más que eso”.

El futuro pasa por almacenar la energía

De la evolución de las baterías no solo depende el avance de la industria del automóvil, sino de todo el sector eléctrico.

No solo son los factores tecnológicos los que deciden el futuro de las baterías. “No solo hay que pensar en la capacidad sino también en la sostenibilidad ecológica e incluso en la posición geoestratégica”, considera Zubizarreta. Los materiales utilizados para las baterías, como el litio, el níquel y el cobalto, se minan en muchos casos en países en vías de desarrollo o inestables políticamente, con un tremendo impacto ambiental. El mismo impacto que tendrá el momento en el que miles de acumuladores de automóviles terminen su vida útil, por lo que debe acelerarse el desarrollo de mecanismos para reciclarlos o darles más usos.

Fuente: el País, Ver aquí la noticia completa